Desde que llegamos de Buenos Aires hace cinco años solo un viaje de vacacionesa Agadir.
Suerte que allí empezó una Aventura en Marruecos. Desde entonces viajes de trabajo, India y Marruecos en moto.
En México he encontrado de nuevo esa “Aventura”
Ciudad de México en moto
Alquilé una moto durante 4 días para conocer la ciudad a mi aire, con la empresa A1 Moto and Scooter Rental. En su web ví las Himalayan, pero me tuve que conformar con una CF 250 cc, con menos de mil kilómetros, porque las Hima estaban reservadas.
El único pero de la moto es la comodidad del sillín, el resto perfecto. Ligera y potente con rueda delantera perfecta para los enormes baches de CDMX.
Zona centro
En la empresa de alquiler me advirtieron sobre dónde aparcar la moto en la ciudad. Dos opciones, en zonas marcadas para motos entre los coches con la raya azul o en estacionamientos públicos.
Desde Nápoles donde cogí la moto fue la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, frente a la plaza de la Constitución, la más grande de la ciudad.
Como en otras grandes ciudades de América el centro es una mezcla de decadencia turística junto a tiendas de marcas globales de todo lo que quieras comprar.
En la Av Francisco I. Madero más de los mismo entre todo tipo de restaurantes, bares y cafeterías.
Me gustó Casa de los Azulejos en la esquina del Mirador Torre Latinoamericana.
La Condesa y el Hipódromo
A la hora de la comida decidí por hacerlo en un parque de barrio.
A través de avenidas arboladas, algo que por primera vez me recordó a New Delhi, llegué a un hotel boutique de diseño, con un restaurante en la terraza, en el Parque México.
Después di un paseo observando el ambiente Chic de la mayoría de los viandantes de la zona, casi todos con perro y correa.
Ruta a Teotihuacán
Al día siguiente viaje en moto para ver la Pirámides de Teotihuacán.
Elegí ruta sin peajes y autopistas para disfrutar más la “Aventura”.
No me equivoqué en absoluto pasando por zonas como Buena Vista con grandes mercados.
Casi todo el trayecto lo hice por vías secundarias de la autopista, pasando cerca de barrios como Ejido de Tequisistlán Primero, un sitio con un intenso olor parecido a huevos podridos.
En un par de ocasiones tuve que cambiar la ruta por obras, haciendo uso de mi rueda delantera y las suspensiones, para salir del caos lo antes posible. Las periferias de las grandes ciudades son eso.
Tepexpan
De repente me encontré fuera del caos, en una carretera casi normal de doble carril. Estaba en el campo, pensé mirando a mi alrededor. Muy poco después estaba en el pueblo Tepexpan.
En la entrada unos operarios con chalecos naranjas barrían las calles y mediana, al parecer organizados por la policía local.
En la plaza del pueblo hice mi primera parada para comprar el almuerzo, Torta de Chilaquiles con Milanesa por 40 pesos.
Las pirámides, del Sol y de la Luna
Es muy impresionante la vista de la gran estructura de 65 m. llegando por la carretera de acceso.
Después de pagar la entrada y el parking de la moto estuve me compré un sombrero por 100 pesos y caminé hacia la pirámide.
En las escaleras sentado frente la pirámide del Sol tomé el bocata observando la maravilla.
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Abundan en el sitio los puestos de souvenirs y vendedores usando silbatos con forma de jaguar y el águila, imitando sus sonidos. Ambos animales son célebres en la mitología y el arte de guerra mexica (azteca), representan la dualidad cósmica: el jaguar al inframundo/noche (Tezcatlipoca) y el águila al sol/cielo.
Después caminé hacia la pirámide de La Luna para subir el primer piso.
Allí ves con amplitud y claridad que no sabemos casi nada de lo que era aquello, solo se especula, es la memoria de un gran pasado no muy lejano enterrada.
No entiendo nada 🙂
Los aztecas y actuales habitantes de México no destacan por ser muy altos.
Entonces, ¿Por qué esos escalones de vértigo para subir a la pirámide? ¿Sólo subían los Dioses?
Coyoacán
De vuelta decidí coger la autopista, atravesando grandes barrios plantados en colinas muy empinadas con teleférico para el transporte público desde abajo.
Llegando al centro tuve me recordó la Panamericana entrando por el norte a Buenos Aires. Era la hora de comer y decidí hacerlo en Coyoacán.
La Pulquería
Resulta que venía unos días con la barriga revuelta, la comida de vuelo es terrible. Ese día incluso metí en la mochila un rollo de los del hotel, estaba un poco preocupado.
Saliendo de la periférica nada más entrar en el barrio, me llamo la atención una fachada pintoresca y dos hombres sentados en butacas tomando algo verde en jarras enormes.
Tenía un hueco para la moto delante de un coche y paré para investigar.
El Pulque
El pulque es una bebida fermentada tradicional de México, cuyo origen es prehispánico y que se elabora a partir de la fermentación del mucílago (popularmente conocido en México como aguamiel) del agave o maguey.
https://es.wikipedia.org/wiki/Pulque
La historia es divertida. Resulta que según el artículo de la Wiki son los Jesuitas los que deciden en la Nueva España ponerle un impuesto a la plantación del Agave o Maguey.
Ángelica y Christian
Y sin saber nada de todo lo que sé ahora entré decidido en el establecimiento, preguntando qué son esos jugos que están tomando los señores.
Pulque, me dijo Ángelica, la señora detrás de la barra, una bebida natural, la bebida de los Dioses. ¡Anda! Pues vengo directo (No paré en la ruta por autopista) de donde se convierten los hombres en Dioses, las pirámides, y además en moto. Angélica me contestó, venga puesto toma y prueba un chupito del natural denso, si te gusta seguimos.
Le dije a Angélica que venía con problemas de estómago desde el vuelo y me dijo que era una bebida biótica, fermento natural de la planta parecida al Aloe Vera que está dibujada en el mural del fondo del salón.
El chupito y luego la jarra
Angélica me paso un chupito desde un barril de plástico donde estaba ese nuevo brebaje blanco horchata bastante espeso. No llegó aroma a mi nariz antes de darle un trago y notar su frescura y lo bien que me bajaba por el esófago al estómago.
Vale, me gusta, quiero más, le dije a Angélica, que me mostró dos jarras, una muy grande de un litro y otra de medio.
Pensé que para empezar poco a poco mejor la pequeña y ella me dijo que ahora el Natural iba a ser un poco menos denso, que el chupito.
Con la jarra en la mano salí a la calle a un banco frente a la puerta.
Al poco estaba hablando con los dos señores que estaban tomando pulque verde (de espinacas y pepino) en jarras de un litro.
Me dijeron que el porcentaje de alcohol de ese pulque era del 2%
El mercado de abastos de Coyoacán
Para rematar la faena acabé comiendo una enorme ensalada verde y con fruta en el pintoresco mercado. En este lugar abundan los sitios para la comida, entre puestos de fruta, verdura, carne, productos naturales y souvenirs de artesanía.
Después de comer me di un paseo por las calles de este barrio bohemio, con sus tiendas de Tattoo, ropas tribales y para tribus urbanas.
La vuelta al atardecer a Santa Fé la grabé en vídeo, siempre indicando para la ruta a Google que voy en moto.
Xochimilco y el Autódromo
El tercer día en moto tenía la idea de viajar hasta el paso de Cortés (3700 msnm), pero los más de 100 kilómetros y el sillín de la CF me hicieron cambiar de idea y hacer una ruta menos exigente.
Un taxista nos habló de los turísticos canales de Xochimilco, al sur de la ciudad y ese fue el plan de ruta desde Santa Fe.
Universidad Autónoma Metropolitana
La ventaja de decirle a Google que vas en moto y sin autopistas de peajes es que pasas por donde pasa todo. En este caso tuve la suerte de atravesar la zona universitaria de la ciudad.
Si ya toda la ciudad mantiene una vegetación muy abundante, como New Delhi, la zona universitaria está entre grandes parques. Las facultades y laboratorios se esparcen entre colinas con un ambiente sano y juvenil alrededor.
Xochimilco
Sin poder evitar la periférica sur llegué al centro de Xochimilco para tomar una coca-cola, ver el mapa e ir a los canales con embarcaciones turísticas.
El pueblo era muy parecido a los de la periferia de Delhi, gasolineras y un gran centro comercial al entrar por la periferia y luego calles desordenadas, parques destartalados y la feria para los niños de los años 60…
En los embarcaderos no vi turistas y bueno, lo mejor de llegar hasta allí fue dimensionar la ciudad por el sur, el día anterior lo había hecho por el norte.
Autódromo Hermanos Rodriguez
En mi plan inicial de visitas turísticas en CDMX no estaba este templo de la velocidad. Simplemente busqué lugares en blogs de viajeros y ninguno mencionaba esta visita tan friki.
Se me ocurrió en el momento, no sabía ni donde estaba, solo que estaba dentro de la ciudad.
17 kilómetros al norte, 40 minutos me marcaba el mapa. Y esta vez por las vías rápidas, flyovers y sus embotellamientos continuos allí me dirigí, pensando que iba a poder entrar en la moto.
Después de probar por varias puertas un guardia de seguridad me dijo que era por la puerta cinco. Allí entré pagando 10 pesos por el parking y luego un policía me dijo que por allí no podía entrar al circuito, que era por la puerta ocho.
Al fin en la puerta ocho tuve que pagar de nuevo 10 pesos para entrar a una amable chica y policía debajo de una sombrilla. Me dijeron que en moto no podía entrar al circuito, solo en bici o andando. También que era mejor dejar la moto cerca de ellos que llevarla hasta debajo del puente.
Caminando hacia el puente ví un banco, el Banco del Bienestar, no es una coña, una oficina bancaria con dos cajeras risueñas y un señor sentado al fondo discutiendo al teléfono. A ellas les pregunté de quién era la bici atada a la verga de la puerta, con la intención de pagar un alquiler para darme un vuelta por la pista.
Ellas todavía más risueñas me señalaron al señor del teléfono, concentrado en su llamada.
Decidí esperar un poco, tener paciencia, pero seguían discutiendo y enfilé la puerta para irme.
En ese momento, el señor se levantó de su silla, tapando el micro del teléfono y me dijo enfáticamente, ¡Hola! ¿Qué deseaba?
En bicicleta
Alquilar su bicicleta para dar una vuelta por el autódromo, le dije. Abrió los ojos, dilatando la pupilas durante varios segundos sin saber qué decir, hasta que torció el gesto. En ese momento yo le dije, entonces, ¿No me la alquile un ratito? No, me dijo cuando me despedía saludando y dando las gracias.
Seguí caminando hasta el puente que pasa por encima de la pista para ver unos bomberos haciendo ejercicios en la entrada del estadio de béisbol Alfredo Harp Helú, dentro del trazado.
Luego bajé a la pista por la que pasaban varios ciclistas. Les pregunté a un par de ellos pero tenían prisa. Pasó un moto con dos y les grité si me daban una vuelta por la pista, pero estaban trabajando y no podían.
En moto
Empecé a caminar hacia el final de la recta, donde había un control con una sombrilla y una pareja de guardias jóvenes. Les dije que quería dar una vuelta por la pista con una bici y estuvimos hablando un rato.
De vuelta hacia el puente lo daba por perdido y me conformaba con haber dado un paseo. De repente viene la moto pero esta vez sin pasajero. Saludo y veo que viene parando a mi lado, haciendo un gesto con la cabeza de que me subiera.
Para ti será una tontería pero para un fan de las carreras de coches como yo, fue muy emocionante.
De nuevo en Coyoacán
Y para celebrarlo me fui a comer a Coyoacán de nuevo, el barrio de CDMX que más me ha gustado. Pasé por la pulquería al entrar, paré la moto en el mismo sitio, pensé unos segundos y continué hasta el centro del barrio buscando parking para la moto.
Mucho tráfico local, calles estrechas, motos atascadas, transporte público, turistas y calor. En un par de estacionamientos me dijeron que no había lugar para motos. Otra vuelta y por fin me quito la chaqueta.
San Ángel
Después de comer, ya de vuelta a Santa Fé estuve en uno de los lugares más curiosos de este mole de ciudad. San Ángel, antiguamente era un pueblo rural lejos de la ciudad, al que los del centro iban a pasar el fin de semana.
Hoy es un pintoresco barrio con calles adoquinadas y casas coloniales cubiertas de flores de colores.
Último día en moto en CDMX
Me faltaba por conocer la zona verde más grande de la ciudad, los bosques de Chapultepec y su castillo real, construido por la Nueva España, cuando los virreyes solían frecuentar Chapultepec como zona de descanso y recreación, a finales del siglo XVII.
Siempre es agradable un gran parque en medio del caos. Vas paseando y disfrutando cuando notas que se aleja el ruido.