Estábamos convencidos de que íbamos a pasar tres tranquilos días en un pueblo de montaña cerca de Ciudad de México.
El viaje de ida fue muy corto por una autopista atravesando montañas de tres mil y antes del mediodía llegamos al pueblo con las calles de paves.
Tepoztlán, un pueblo muy tranquilo
Durante el viaje nos contaron que Tepoztlán, en Morelos, era famoso por la zona arqueológica del Tepozteco; su energía, paz y mística.
Un sitio “Mágico”
El pueblo termina hacia el norte en una pared de riscos y arriba está la pirámide dedicada a Ometochtli-Tepoztécatl, el dios del pulque, la fertilidad y la cosecha.
Uno de los planes del finde era subir a la pirámide pero todo cambió.
Carnaval de Tepoztlán
En el hotel nos dijeron que era fin de semana de Carnaval, las fiestas más importantes del pueblo. Que el día iba a ser tranquilo, pero sábado y domingo se esperaba mucha gente en el pueblo.
Nosotros nos miramos al principio contrariados, era un pueblo muy tranquilo para hacer nada, pero luego nos cambió la cara por una sonrisa. Lo preparas y no te sale 🙂
El Mercado
Salimos a pasear por el pueblo viendo muchos sitios de masajes, yoga y temazcal. Sabíamos que esto último era una especie de baño de vapor, nada más.
Recorrimos la calle principal del pueblo y reservamos en uno de los sitios para por la tarde hacer un temazcal. Allí nos dijo Karla que el Mercado Municipal es una buena opción para comer.
El mercado está sobre dos terrazas con vistas al pueblo y el valle. Esas terrazas las ocupan decenas de restaurantes con mesas al frente. Algunos con especialidades de comida más artesana e indigena, o vegetarianos. El resto todos muy tapas bar, con tacos, quesadillas y enchiladas.
Muy buenas vistas, ambiente y ricos tacos de cecina y carrillera. Las salsas son todas ricas y no muy picantes.
El Temazcal
Por la tarde con el bañador en la mochila disfrutamos de una experiencia ancestral.
Un ritual guiado de sanación y purificación que utiliza el vapor de agua e infusiones de hierbas medicinales.
Temazcal significa “casa de calor” y se hace dentro de un domo circular de piedra con una entrada pequeña, que se cubre con una manta.
El guía o temazcalero canta y reza, introduciendo cada Puerta: tierra, fuego, aire y agua.
Te hace repetir mantras guiando respiraciones por cada puerta explicando su simbolismo.
Utiliza piedras volcánicas incandescentes «abuelitas» sobre las cuales vierte agua con hierbas para generar el vapor medicinal y el efecto sauna.
Nuestra temazcalera se llama Mery, es del pueblo y su familia tiene una pulquería. Mi experiencia fue muy buena gracias a ella que nos brindó una ceremonía muy auténtica en El Shaddai Tepoztlan
La Pepita
El atardecer lo disfrutamos desde la terraza de La Pepita, una mezcalería que nos recomendó uno de los chicos de los puestos de artesanía de la calle.
La Fiesta del sábado
Día de la fiesta con más afluencia de turistas, fuimos advertidos en cuanto a carteristas y otros maleantes, que en años anteriores causaron muchos problemas.
Pulques Tepoztlán
En la calle principal de la fiesta del pueblo y muy cerca de la Capilla de la Santísima Trinidad, está la pulquería de Alejandro, el padre de nuestra temazcalera, Mery.
Me pareció buena idea tomar un pulque y conocer a Alejandro. No fue fácil porque estaba cerrado en dos ocasiones, pero al final tomamos un pulque con sabor a cava y charlamos con él.
Nos dijo que ver a la comparsa salir de la capilla en esta calle era complicado por la cantidad de gente. Que fuéramos a Santa Cruz, un barrio un poco más arriba menos turístico.
Las Calaquitas
En este acogedor lugar, un restaurante mezcalería con mucho rollo calavera y velas, tomé las primeras Micheladas del viaje, una normal y otra picante digna del Capitan Sparrow.
En Las Calaquitas estuvimos disfrutando del escenario y los amables camareros, haciendo tiempo después de subir a la capilla de Santa Cruz para confirmar el horario de la salida de la comparsa. Nos dijeron que a las 15 horas la comida y 30 minutos después la salida, amablemente nos invitaron a no llegar tarde.
Sin estar seguros de si íbamos a comer pedimos un queso con hormigas por si acaso, una delicia crunchi.
La Capilla de Santa Cruz
Llegamos sobre las tres menos díez y entrando en el recinto de la Capilla un jóven me pone en la mano un vaso de plástico preguntando de donde soy, y llama a otro que me lo llena de poche. Les doy las gracias presentándome y nos invitaron a comer en el patio con los demás vecinos, banda y chinelos.
El Chinelo
Es un personaje popular de la cultura mexicana, del estado de Morelos, que representa una sátira de los conquistadores españoles con coloridos trajes, máscaras de barba y sombreros altos.
Son famosos por su «brinco» durante carnavales y fiestas, simbolizan identidad, burla social y resistencia. Surgieron a finales del siglo XIX en Morelos como una forma de burla de los indígenas hacia los terratenientes españoles, imitando sus ropas y actitudes.
La comida
Nada más ponerme en la cola para recoger la comida, uno de los señores cogió dos bandejas y nos dio prioridad a otros que esperaban.
Allí disfrutamos sentados en un seto de una carne rica y sabrosa de cerdo, con alubias blancas y ensalada.
El desfile
Antes de las 15:30 la banda, todos de azul, salieron a la calle y empezaron a tocar. En menos de cinco minutos, todos estaban fuera preparando la salida del desfile.
Nosotros nos colamos entre ellos llegando a la Plaza del pueblo por calles acordonadas.
Fue muy emocionante y divertido, quedamos muy agradecidos a las personas que nos ayudaron a poder vivirlo.
La amabilidad de los mexicanos
En todo nuestro viaje por México las personas han sido encantadoras, muy educadas y amables.
Es una gran lección recuerdo de modales y convivencia. Es lo que te llevas además de las micheladas fresquitas.